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jueves, 5 de marzo de 2026

La cancha no tiene colores (+Audio) (+Infografía)

El racismo en la élite del futbol, se nos va de las manos...

Adrian Ordoñez Díaz en Exclusivo 05/03/2026
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La cancha no tiene colores (+Audio +Infografía)
Gianlucca Prestianni (Benfica) y Vinícius Júnior (Real Madrid), durante el partido de la Liga de Campeones disputado el 17 de febrero de 2026 en el estadio da Luz de Lisboa. Foto: @Soccrates Images

Hablar de futbol hoy en día es, en esencia, hablar de la vida misma. Al final, en ese rectángulo verde se terminan viendo todas nuestras virtudes, pero también las miserias que arrastramos como sociedad. Siempre hemos sentido el deporte como un abrazo, como ese derecho de todos para unirnos como hermanos.

Uno se sienta frente al televisor esperando ver magia, ver ese futbol alegre que tienen los brasileños, y termina con un nudo en el estómago. No es la primera vez, ni la segunda, y eso es lo que más duele. Por eso, duele tanto ver la pelota manchada de racismo, ese odio que no tiene nada que ver con el juego.

Lo que le pasa a Vinícius Júnior en Europa no es un lío de un día ni una rabieta de grada; es el síntoma de una enfermedad ética. Vale recordar que en Mestalla, en el año 2023, lo culparon cuando la víctima fue precisamente él. Al editarse la verdad de esa manera vil, se deja de hacer justicia y muchos se convierten en cómplices.

Y lo que pasó ahora en febrero, en el partido contra el Benfica, ya es demasiado. Es cuando más surrealista, ver a un jugador (Prestianni) tapándose para ofender a otro jugador. El “7” de Madrid marca su gol, lo celebra con su bailecito de siempre y, de pronto, se arma el corre-corre porque el brasileño acusa a Prestianni de supuestamente ofenderle por su color de piel.

Y cuando tú ves a los jugadores tapándose la boca con la camiseta para hablar, ya uno sabe que ahí no se están dando las buenas tardes. Las causas de esto son viejas como el mundo, es ese odio que se arrastra y esa falta de educación que hace que algunos se crean superiores por el color de la piel.

Y las consecuencias son fatales, no solo para el que recibe el insulto, que se desconcentra y sufre, sino para el espectáculo mismo. Si seguimos así, los estadios se van a convertir en coliseos de odio en vez de templos del futbol. Al final, lo que queda es una sensación de impotencia tremenda. Vinícius no es perfecto, todo el mundo lo sabe, pero usar su origen para hundirlo es a lo sumo vil.

Si queremos que el deporte sea ese refugio sano donde podamos admirar a los atletas que nos representan es vital menos protocolos de papel y más mano dura, porque sino, el VAR se va a quedar para decorar mientras el racismo continúa siendo titular en todas las canchas.Y es que el racismo trasciende fronteras, y los seguidores del deporte en Cuba tienen su opinión.

Es probable que para el 2026 prohíban a los jugadores que se tapen la boca si hay insultos de por medio. Pues miren, si tenemos que llegar a prohibir algo tan simple como eso, es porque hemos fallado en lo más básico: En los valores. El racismo no es un lance del juego como quieren decir algunos para quitarle hierro al asunto. Es una falta de respeto a la dignidad humana. Punto.


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Adrian Ordoñez Díaz

Futuro periodista. Amante de la naturaleza, el deporte y Cuba


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