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domingo, 31 de mayo de 2026

Desafíos globales que influyen en la salud de las mujeres en tiempos de policrisis

La salud y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres no son un lujo, sino la base de sistemas sanitarios equitativos…

Redacción Cubahora en Exclusivo 30/05/2026
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Salud de las mujeres
Desafíos globales que influyen en la salud de las mujeres en tiempos de policrisis.

El 28 de mayo de 1987, en San José, Costa Rica, durante el V Encuentro Internacional Mujer y Salud, la Red Mundial de Mujeres por los Derechos Reproductivos instauró el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres. Desde entonces, cada año activistas y organizaciones de todo el mundo intensifican sus esfuerzos para visibilizar los desafíos en la salud física y mental de las mujeres y exigir políticas que garanticen sus derechos.

Han pasado casi cuatro décadas desde aquel llamado en 1987, y muchos de los desafíos de entonces no solo persisten, sino que se han intensificado. Por eso, en 2026, la Red Global de Mujeres por los Derechos Reproductivos lanzó el lema: “Esencial, no opcional: Fortalecer los sistemas de salud para defender los derechos a la salud y la justicia sexual y reproductiva en tiempos de policrisis”. La campaña expone una verdad ineludible, en medio de crisis superpuestas (climáticas, económicas, sanitarias y bélicas) la salud y los derechos sexuales y reproductivos no son un lujo, sino la base de sistemas sanitarios equitativos.

Los números muestran de forma clara la urgencia de este mensaje. Por ejemplo, si se analizan los indicadores que hacen referencia a la mortalidad materna, las cifras del mundo son alarmantes. Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicado en mayo de 2023, más de 4,5 millones de mujeres y bebés mueren cada año durante el embarazo, el parto o las primeras semanas después del nacimiento. Esto equivale a una muerte cada siete segundos, la mayoría tratables si se dispusiera de la atención adecuada.

En 2023 la tasa de mortalidad materna global se situó en 197 por cada 100.000 nacidos vivos, según datos recopilados por la Organización Mundial de la Salud. Si se compara con la aspiración establecida dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que plantea la reducción de la tasa de mortalidad materna a menos de 70 por cada 100 000 nacidos vivos, pareciera un promedio ambicioso para el mundo. Aun así, la Organización Panamericana de la Salud advierte que, «Dado que casi todas las muertes maternas son prevenibles, fortalecer los sistemas de salud mediante un enfoque de atención primaria de salud y garantizar una atención respetuosa y de calidad durante el embarazo, el parto y el período posparto siguen siendo elementos esenciales para reducir la mortalidad materna en las Américas».Por otro lado, mas allá de los recursos, también hay una deuda histórica con las pacientes que durante su experiencia materna pueden ser víctimas de la violencia obstétrica .

En el campo de la medicina aún existen profundos desbalances entre los estudios clínicos que se realizan sobre mujeres y sobre hombres. Menos del 30% de los participantes en ensayos clínicos en fase temprana financiados por la industria son mujeres. Ellas siguen estando subrepresentadas en ensayos clínicos cardiovasculares, a pesar de que las enfermedades del corazón son la principal causa de muerte entre las mujeres a nivel mundial. Esto provoca que sus síntomas atípicos, que incluyen náuseas, fatiga extrema o dolor de mandíbula, sean frecuentemente ignorados o malinterpretados, retrasando diagnósticos y tratamientos. Cuando se trata de mujeres embarazadas o en período de lactancia, la exclusión es aún más extrema. La falta de financiamiento para la salud femenina es otro síntoma del mismo problema. Menos del 5% de la financiación mundial en investigación sanitaria se destina a enfermedades específicas femeninas más allá de la oncología.

Las mujeres tienen mayor tendencia a sufrir ciertos padecimientos, como por ejemplo las enfermedades autoinmunes. Entre el 70% y el 80% de las personas con este tipo de aflicciones  son mujeres. El lupus eritematoso sistémico afecta a mujeres en una proporción de 9 a 1 respecto a los varones. De las 20 enfermedades autoinmunes más comunes, como la artritis reumatoide, la  esclerosis múltiple, la psoriasis o la tiroiditis de Hashimoto, 18 son más prevalentes en mujeres que en hombres, lo que debería ir acompañado de estudios para descifrar la razón de estos comportamientos.

La salud mental es otra de las áreas grises asociados al bienestar de las mujeres. Ellas son casi el doble de propensas que los hombres a ser diagnosticadas con depresión y más del doble de probables a desarrollar un trastorno de ansiedad. Aquí surge una paradoja preocupante, las mujeres son más diagnosticadas con trastornos de ansiedad y depresión, incluso cuando sus síntomas podrían corresponder a otras patologías como enfermedades tiroideas, autoinmunes o síndromes de dolor crónico. Por otro lado, existe el riesgo de que los síntomas físicos de las mujeres sean «psiquiatrizados» en exceso[S1] , mientras que los problemas de salud mental de los hombres, que tienen casi cuatro veces más probabilidades de morir por suicidio, siguen siendo infradiagnosticados.

Otro factor que rara vez aparece en las estadísticas sanitarias, pero que impacta directamente en la salud física y mental de las mujeres, es la división desigual del trabajo no remunerado, tanto doméstico como de cuidados. Los datos muestran que las mujeres realizan el 76% de todas las actividades de cuidado no remuneradas. Dedican 3,2 veces más horas que los hombres al trabajo de cuidado no pagado. Como resultado, alrededor del 65% de las horas de trabajo semanales de las mujeres en todo el mundo no son remuneradas y quedan fuera de las estadísticas económicas oficiales, a la vez que afectan sus posibilidades de insertarse en el mercado laboral, perpetuando así la dependencia económica, aumentando la vulnerabilidad a la pobreza y limitando el acceso a los beneficios de la seguridad social.

La campaña 2026 de la Red Global de Mujeres por los Derechos Reproductivos resume en un mensaje claro lo que está en juego: «Salud, derechos y justicia sexual y reproductiva (SDSR) significa que los derechos, la información y los servicios de salud sexual y reproductiva deben ser accesibles para todas las personas, libres de barreras, discriminación, coerción, violencia y estigma. Esto es fundamental en contextos donde las crisis interrelacionadas profundizan la exclusión y la desigualdad».

El Objetivo de Desarrollo Sostenible número 5 es la igualdad de género, con la meta explícita de terminar con todas las formas de discriminación contra las mujeres y niñas. A medio camino del horizonte 2030, el progreso se ha estancado, e incluso retrocede en algunos indicadores clave, mostrándole al mundo que es necesario aumentar los esfuerzos para asegurar la seguridad de las mujeres y las niñas, tanto la ciudadanía como las instituciones deben reconocer la importancia de reconocer los derechos de la salud de las mujeres y las niñas.  

 

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