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sábado, 28 de marzo de 2026

La decisión

Una madre cubana de este 2026 se desespera, y hasta se debe imponer por sobre el nudo en la garganta...

Yeilén Delgado Calvo
en Exclusivo 28/03/2026
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Vela
Aunque sea tan fácil la desesperación, una elige ser feliz, cueste lo que cueste, en Cuba y ahora. Foto: Pixabay

Es muy fácil caer en la desesperación. Tan fácil. Llegas del trabajo, recoges a los niños, preparas la merienda.

Hace apenas una hora y media que vino la luz. Es un golpe de suerte, te dices, porque supones que al menos tendrás par de horas más para cocinar, y que no sea en penumbras, ni teniendo que vigilar que nada se queme, ni se desborde.

Así que usas esos medios eléctricos que son la panacea de toda persona que debe cocinar a diario. Lo haces rápido, bajo presión, sin quitarte la ropa de trabajar, ni siquiera los ajustadores (quitarse los ajustadores nada más entrar a la casa es una victoria sobre la jornada que solo las mujeres entendemos).

Cuando dejas todo en marcha te sientes triunfadora. Has tenido que decirles a los niños dos o tres veces que se esperen, que no te entretengan, que tienes que terminar antes de que se vaya la luz... pero la comida estará temprano, y cuando se vaya la corriente ya estarán comidos y bañados, habrá quedado atrás la parte más trabajosa.

Entonces pasa algo, porque en la vida real, como en los cuentos, siempre pasa algo. La luz se apaga, gritas: "No puede ser", y te callas una mala palabra brutal, indigna de la buena educación que te dieron tus padres y de la que intentas darles a tus hijos. Pasas en un segundo de la sorpresa, a la rabia y a la tristeza.

Sí, hace días que dijiste que no ibas a dejar que te afectara, y, sin embargo, te afecta. Miras el reloj: ni dos horas, y ahora ¿cuándo será que regrese? Quizá en la madrugada, y para entonces ya habrás tenido que cocinar de otro modo, más largo, más cansado, y casi a oscuras.

Es muy fácil caer en la desesperación, cuando deberías pensar –te lo repites– que al menos tienes gas y agua, y comida, trabajo, escuela y todos están sanos; y sabes que hay muchos no tan privilegiados. Al menos no caen bombas, repites.

Y, sin embargo, una madre cubana de este 2026 se desespera, y hasta se debe imponer por sobre el nudo en la garganta.

Mientras, los niños juegan, no se enteran de nada. Y tendrán el plato en la mesa, a como sea, «por los ovarios de Mariana», te aseguras.

¿Que hasta cuándo va a durar lo de la corriente? ¿Que en qué va a terminar la incertidumbre de este año? ¿Que si estaremos a salvo?

Muchas cosas te preguntas, aunque la respuesta más importante sea la que solo tú puedes responder: vas a aguantar, como una madre. Porque debes y porque te da la gana: a los que creen decidir el destino de tu familia, y más aún, tu cordura, no les importa la asfixia cotidiana, la desean y la procuran, desde el otro lado del mar. La culpa es ser de aquí, solo esa.

Por eso, aunque sea tan fácil la desesperación, una elige ser feliz, cueste lo que cueste, en Cuba y ahora.

Vuelves a poner el arroz, la luz de la lámpara es tenue.

Estás viva y vas a escribir.


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Yeilén Delgado Calvo

Periodista, escritora, lectora. Madre de Amalia y Abel, convencida de que la crianza es un camino hermoso y áspero, todo a la vez.


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