Con su retirada a participar en la competencia de los Grammys, BTS se ha sumado a la lista de artistas que han criticado o boicoteado los premios por diferentes motivos. Por la supuesta desconexión entre el éxito comercial y la trascendencia cultural de las obras, por la falta de representatividad sociocultural, la presunta falta de transparencia en el proceso de votación y los sesgos entre géneros musicales.
Sinéad O’Connor marcó en 1991 un hito en la historia al rechazar un dorado gramófono y negarse a asistir a la ceremonia. La intérprete irlandesa estaba entonces nominada a cuatro categorías por “I Do Not Want What I Haven’t Got” y ganó el Grammy a Mejor Álbum de Música Alternativa. En una carta, O’Connor rechazaba la funcionalidad de los premios: “Reconocen sobre todo el lado comercial del arte. Respetan sobre todo el beneficio material, ya que es la principal razón de su existencia (...) Han creado un gran respeto entre los artistas por el beneficio material, honrándonos y exaltándonos cuando lo conseguimos, ignorando en su mayor parte a los que no”.
Maynard James Keenan, líder de la banda de metal Tool, después de no asistir a la gala de 1997, manifestó: “Creo que los Grammys no son más que una máquina gigantesca de promoción para la industria de la música. Se dirigen a un público de inteligencia baja y alimentan a las masas. No se dedican a honran las artes o a las creaciones de los artistas. Es el negocio de la música celebrándose a sí mismo, eso es básicamente de lo que se trata”.
En 2017, Frank Ocean, a pesar de contar con casi una decena de nominaciones a los Grammy y dos gramófonos dorados, decidió no postular a estos premios su histórico álbum Blonde. El artista explicó que su decisión se debía a que la Academia “no reconocía adecuadamente a los artistas negros”, señalando que en los últimos 30 años solo seis habían ganado el Grammy a Álbum del Año.
The Weeknd, el artista masculino más escuchado del planeta en streaming de los últimos años, y el más reproducido detrás de Bad Bunny, expresó en el 2020 que no volvería a presentarse a la competición por “los comités secretos”, después de no obtener ninguna nominación tras el éxito masivo de “After Hours” y “Blinding Lights”. “Los Grammy siguen siendo corruptos”, declaró el artista en X. En un comunicado a The New York Times.
Aquel mismo año, Drake pidió que los premios fueran reemplazados argumentando que suelen pasar por alto el trabajo de artistas negros y, en particular, de la música rap. En una publicación en Instagram, escribió: "Creo que deberíamos dejar de sorprendernos cada año por la desconexión entre la música que tiene un verdadero impacto y estos premios, y simplemente aceptar que lo que alguna vez fue la mayor forma de reconocimiento quizá ya no importe para los artistas de hoy ni para los que vengan después".
En octubre de 2022, Silk Sonic (Bruno Mars y Anderson .Paak) anunció que no presentaría su álbum An Evening With Silk Sonic a los Grammy 2023. Mars explicó que la decisión era voluntaria, pues consideraron que ya habían ganado lo más importante con la abrumadora respuesta del público. Aun así, siguió acudiendo a los Grammy y actuó en la más reciente edición de 2026 con Rosé, integrante de Blackpink, para cantar APT.
Morgan Wallen y Zach Bryan, dos de los casos más recientes, no presentaron tampoco su música a consideración en las últimas ediciones. En el caso de Wallen sorprendió especialmente, ya que su álbum I’m the Problem llevaba 11 semanas en el número 1 de Billboard 200 en 2025. En el caso de Bryan, dijo de no sentirse cómodo con la competitividad de estos premios.
- Consulte además: ¿BTS vs los Grammys o inclusión vs competencia? (I)
Algo similar aconteció en 2019 con los Latin Grammy, tras anunciarse las nominaciones a los premios. Muchos artistas criticaron la escasa representación de la música urbana, especialmente del reggaetón. Balvin, Daddy Yankee, y otras grandes figuras como Karol G, Natti Natasha, Anuel AA y Lunay, impulsaron la campaña #SinReggaetonNoHayLatinGrammy.
“Aunque estoy nominado, no estoy de acuerdo con la forma en que se trató el género, al igual que muchos de mis colegas. Recuerden algo: su plataforma no construyó este movimiento”, sentenció Balvin, refiriéndose a la Academia. “Durante años, [la música urbana latina] ha sido menospreciada y minimizada. “Debería haber una categoría exclusiva para el rap, otra para el reguetón, otra para el dancehall, otra para el trap, y no simplemente agruparlo todo y etiquetarlo como ‘urbano”, añadió.
- Consulte además: ¿Sin reguetón no hay Grammy Latino? (+Video)
El reguetonero colombiano volvió a protestar en 2021: “Los Grammy no nos valoran, pero nos necesitan”, declaró. “Los que tienen poder en el género NINGUNO DEBERÍA IR !! es decir todos porque somos un movimiento”, llegó a publicar. Sus palabras encendiero la “tiradera” o beef con rapero Residente, quien no dudó en decirle que si quería ser nominado, “dejara de hacer hot dogs”.
Precisamente, el boricua, en noviembre 2017, en propio escenario del MGM Grand Garden Arena de Las Vegas, criticó a los Grammys Latinos por su sesgo mercantilista, al propelar:
“El arte no se hizo para `hacer historia´ o establecer records. Estas no son las olimpiadas. Los números, los seguidores en Instagram, los hits en Youtube, no definen el arte tampoco. El arte está hecho para que seamos reflejo del todo lo que nos afecta, esta hecho para hacernos sentir libres y digamos lo que sentimos sin miedo aunque nos cueste la vida, Nosotros como artistas debemos sentirnos incómodos para obligarnos a diariamente a innovar y ser ceativos. Esta noche veo mucho talento, pero también veo mucho miedo. Miedo a que no loes matan en ningún playlist de Spotify, miedo a no sonar en la radio, miedo a no vender. Y en el arte no se puede tener miedo. Esa es la diferencia entre ser únicamente un negociante o un artista”.
Décadas antes, otro latino se había anticipado el trombonista neoyorquino y de ascendencia puertorriqueña Willie Colón en su carta publicada bajo el título “The Grammy Deception: “Ni siquiera tiene que ver con la venta de discos o con la cantidad de difusión radiofónica. Tiene que ver, más bien, con dinero y con la reputación de ciertos nombres. Tiene que ver con compañías disqueras que compran cientos de puestos como Miembros Generales de la Academia para votar en bloque a favor de sus artistas”. El también compositor, arreglista, director de orquestas y productor sentenció en aquella denuncia como se privilegian a los que “venden más entradas, compran más páginas en la prensa y posiblemente hasta compran tiempo en la TV en horas de máxima audiencia (…)”.
Opiniones que informan de la tensión entre el valor artístico y los intereses comerciales en los premios Grammy. A veces de soslayo o sin "quemar las naves" , desde posturas ambiguas o "tirando" hacia los "montes" desde dónde sale la crítica o el ruido, aullido visceral o pataleta. Disputa manifiesta en diversos modos; bajo la lógica mercantilista, del ideolograma imperante, el neoliberal, que premia el éxito comercial. Ya en la selección de los miembros con votos, en la instrumentalización de categorías para gestionar la diversidad cultural, en la falta de transparencia y en la cosificación de las marcas musicales y de las obras en competencia.

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