Ante la crisis energética que atraviesa nuestro país, los centros de carga comunitarios o "solineras" han comenzado a desempeñar una función que va mucho más allá de la prevista originalmente: cargar vehículos eléctricos. Estos centros, abastecidos mediante paneles solares, se han convertido en espacios comunitarios que funcionan como puntos de apoyo para resolver necesidades básicas de la vida cotidiana, en estos espacios la población puede recargar celulares, lámparas, ventiladores, baterías portátiles e incluso utilizar equipos eléctricos para cocinar, acciones que marcan una diferencia importante para familias que pasan gran parte del día sin electricidad.
La iniciativa es una respuesta de Cuba al bloqueo de combustible impuesto por el gobierno de los Estados Unidos y al cambio de la matriz energética del país hacia un mayor uso de las Fuentes Renovables de Energía.
Una red que se extiende por el país
Desde la apertura de las primeras instalaciones, vinculadas a proyectos de desarrollo local, las solineras se han multiplicado mediante iniciativas estatales, privadas y mixtas. Sin embargo, la diversidad de actores ha dificultado precisar cuántas existen actualmente y cuál es su capacidad real.
El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, informó que Cuba cuenta con 44 estaciones de carga para vehículos eléctricos. No obstante, esa cifra podría no incluir todas las instalaciones comunitarias que ofrecen servicios domésticos, especialmente aquellas gestionadas por emprendimientos privados o proyectos locales.
Las solineras tienen una presencia importante en las provincias del centro y el oriente del país, donde los apagones suelen ser más extensos que en La Habana. En Guantánamo, por ejemplo, ya funcionan al menos cinco instalaciones en municipios como Maisí, Imías y la capital provincial. Las autoridades aspiran a extender la red hasta unos 30 puntos.
En Santa Clara también se desarrolla un programa de expansión. El emprendimiento Gomate Servicios Técnicos y Comerciales opera una instalación abierta al público de 8:00 de la mañana a 5:00 de la tarde. Allí los usuarios pueden cargar teléfonos, lámparas, ventiladores y equipos portátiles, además de cocinar con dispositivos eléctricos. La mayoría de estos servicios se ofrece de manera gratuita.
Las solineras no responden a un único modelo. Algunas son administradas por empresas estatales, otras pertenecen a mipymes o proyectos de desarrollo local, y también existen iniciativas privadas.
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En La Habana, varias estaciones estatales forman parte de una red gestionada por la Empresa de la Industria Electrónica Camilo Cienfuegos. También funcionan instalaciones privadas, como la ubicada en la playa El Mégano, donde su propietario afirma haber encontrado una forma de revitalizar una zona que antes tenía poca actividad.
En ese lugar, decenas de motos y triciclos eléctricos pueden conectarse simultáneamente para recuperar sus baterías. El servicio responde al crecimiento de la movilidad eléctrica, especialmente en la capital, donde estos vehículos cubren rutas de taxi y conectan hospitales, mercados y barrios periféricos.
Otro ejemplo es el proyecto de desarrollo local El Rampeño, en el Vedado, La Habana. La instalación utiliza 64 paneles solares y fue concebida para garantizar la autonomía de vehículos empleados en la recogida de desechos. Su financiamiento combina capital privado y apoyo del gobierno municipal.
Servicios y costos
Las prestaciones dependen de la capacidad de cada instalación. Algunas permiten cargar celulares y pequeños equipos; otras cuentan con suficiente infraestructura para atender electrodomésticos, baterías portátiles y vehículos eléctricos.
En la estación de la empresa Frutas Selectas, por ejemplo, cargar un celular cuesta alrededor de 10 pesos cubanos, mientras que una estación portátil puede alcanzar los 40 pesos. En el sector privado y en los proyectos de desarrollo local, la recarga de teléfonos, computadoras, lámparas o ventiladores suele ser gratuita o tener un costo reducido.
La carga de baterías de mayor capacidad, como las utilizadas por motos y triciclos, puede costar entre 500 y 800 pesos cubanos por hora. Estas tarifas dependen de la potencia disponible, el tamaño de la batería y el tipo de servicio ofrecido.
En Guantánamo, algunas instalaciones también han incorporado servicios complementarios, como la cocción de alimentos en ollas arroceras y equipos multipropósito. Una de las solineras de la capital provincial incluso ha facilitado el cobro de chequeras, lo que beneficia especialmente a personas mayores que enfrentan dificultades para trasladarse o realizar largas filas.
Sin embargo esta opción aunque representan una alternativa importante,presenta limitaciones ya que no sustituyen el suministro eléctrico doméstico, su capacidad está condicionada por el número de paneles solares, la potencia de los inversores y el tamaño de las baterías de respaldo. En muchos casos, los servicios solo se ofrecen durante el día, cuando los paneles reciben radiación solar. La falta de baterías suficientes limita la operación nocturna y reduce la cantidad de usuarios que pueden ser atendidos.
Ante los prolongados apagones, las dificultades para acceder al gas, los combustibles y otros recursos, las solineras se han convertido en una alternativa necesaria en los hogares ante las pocas horas diarias de electricidad. Su expansión podría aliviar algunas necesidades urgentes, sin embargo resulta pertinente aumentar la capacidad de generación, el almacenamiento, así como su distribución por toda la Isla.

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