Al oeste de La Habana, en el barrio de Los Avioncitos —conocido así por el antiguo Museo del Aire que funcionó en la zona hasta hace unos años, en el consejo popular Coronela- Versalles del municipio La Lisa—, el reciclaje dejó de ser un gesto aislado para convertirse en práctica cotidiana.
Entre edificios de vivienda de alta densidad poblacional, más de 70 familias incorporaron la separación de residuos como parte de su día a día. Niños que motivan a sus padres a reciclar, vecinos que organizan entregas espontáneas y un movimiento comunitario que empezó a reconocerse en torno a un objetivo común: ese es el tejido social construido en estos dos años y medio, y quizás el resultado más sólido del proyecto La Lisa Recicla.
El Salón Telde, del Hotel Meliá Habana, acogió durante dos días el evento de cierre del proyecto comunitario La Lisa Recicla, bajo el lema “Aprendizaje colectivo: resultados y futuro”, un espacio que reunió a actores institucionales, comunitarios y aliados internacionales con el propósito de evaluar resultados, compartir aprendizajes y proyectar la continuidad de una de las experiencias más integrales de gestión de residuos sólidos en La Habana.
Impulsado por la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre, con financiamiento del Ayuntamiento de Barcelona, el Ayuntamiento de Rubí, la Associació Catalana per la Pau y la Asociación de Cubanos en Cataluña José Martí, el proyecto ha consolidado durante más de dos años un modelo basado en la participación ciudadana, la educación ambiental y el fortalecimiento de capacidades locales.
La iniciativa, coordinada por Roberto Pérez Rivero y Mónica Saura, surgió en 2023 a partir de experiencias previas de trabajo comunitario y de una creciente preocupación por el impacto de los residuos —especialmente los plásticos de un solo uso— en el entorno urbano y en los fondos marinos.
Desde entonces, el proyecto ha evolucionado de una propuesta experimental a una plataforma de acción concreta que articula gobierno local, comunidad, instituciones y cooperación internacional.
Durante la apertura del evento, representantes del Gobierno de La Lisa y de la Fundación destacaron el valor del proceso. Pérez Rivero subrayó que “más que resultados puntuales, lo que deja La Lisa Recicla es una manera distinta de hacer, donde la comunidad, las instituciones y la cooperación internacional se reconocen como parte de una misma solución”.
Uno de los ejes centrales del encuentro fue la presentación del Plan Integral de gestión de residuos sólidos del municipio La Lisa, desarrollado en articulación con la experiencia del Ayuntamiento de Rubí. La Dra. C. Silvia Pell enfatizó el carácter participativo del proceso:
“No estamos ante un documento importado, sino ante una construcción colectiva que responde a las condiciones reales del territorio”, dijo.
El plan, acotó la experta, está integrado por 58 acciones medibles, estrictamente adaptadas a la realidad técnica, geográfica y demográfica del municipio. Se basa en principios de economía circular. Fue concebido como una herramienta flexible: integra diagnóstico, validación ciudadana y proyección estratégica, con metas concretas hacia 2030 como la recogida del 85% de los residuos sólidos y la eliminación total de focos contaminantes o microvertederos.
Al incrementarse esta estrategia, el municipio La Lisa cuenta con las bases normativas y sociales para convertirse en el referente nacional de gestión inteligente y participativa. No obstante, el éxito y la transformación del espacio físico radican en la asignación estratégica de recursos y en la voluntad política ininterrumpida.
En ese mismo panel, la vicepresidenta de la Asamblea Municipal del Poder Popular, Milay Gallardo Díaz, presentó los avances en la elaboración de la primera ordenanza municipal sobre residuos.
“Estamos creando un marco legal que respalde lo que ya se está haciendo en la práctica y que promueva una responsabilidad compartida”, afirmó. La funcionaria subrayó la importancia de la participación ciudadana, la articulación institucional y la educación ambiental como pilares para su implementación.
Los resultados del proyecto fueron presentados por Saura, quien destacó tanto los logros cuantitativos como su impacto social. “El mayor resultado ha sido la movilización comunitaria”, resaltó, al tiempo que señaló el crecimiento progresivo de la participación ciudadana y el papel decisivo de los niños en la incorporación de nuevas familias.
Iniciativas como la recogida puerta a puerta, la instalación de contenedores diferenciados por colores y la creación del Centro Comunitario de Reciclaje han permitido traducir estos objetivos en resultados tangibles. El centro, ubicado en Los Avioncitos, trabaja con un código de colores homogéneo desarrollado con el Ministerio de Industria para estandarizar la gestión de residuos en Cuba.
Como consecuencia de la experiencia piloto de recogida domiciliaria –hasta la primera quincena de mayo de 2026–, se lograron recuperar un total de 1.200 kg de residuos sólidos urbanos: de ellos, vidrio (39%), papel y cartón (35%), plástico (14%) y metal (11%).
Además, se establecieron cuatro Puntos Limpios, en localizaciones que pudieran contar con la seguridad suficiente para proteger los tanques y sus contenidos: La Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, la Secundaria Básica “Juventud Heroica”, la Bodega de la circunscripción 81 y el Instituto Finlay de Vacunas.
Cada Punto Limpio quedó conformado por 4 ó 5 tanques para los diferentes tipos de residuos, identificados con bolsas y etiquetas de diferentes colores y elementos de diseño que orientan sobre el contenido específico que se debe desechar en cada recipiente (amarillo, para el plástico; azul, para papel y cartón; gris, para los metales; verde para el vidrio y negro, para otros residuos).
Las acciones responden a una estrategia estructurada en tres ejes: el fortalecimiento de capacidades del gobierno local, la sensibilización de la población y la implementación de sistemas piloto de separación en origen.
Estas experiencias piloto evidenciaron tanto avances como desafíos logísticos. Sin embargo, el balance general fue positivo, destacándose la capacidad del proyecto para generar nuevas dinámicas de cooperación barrial y transformar prácticas cotidianas en torno al manejo de residuos.
En el encuentro se conoció que actualmente El Centro Comunitario de Reciclaje se encuentra en fase de consolidación, gracias al apoyo institucional y la cesión de un espacio definitivo por parte de servicios comunales, en las inmediaciones de las calles 212 y 37.
En este contexto, la arquitecta Gisela Ravelo introdujo una propuesta de Modelo de Negocios para la Planta de Reciclaje, orientado a garantizar la continuidad del proyecto: “El reto ahora es convertir esta experiencia en un modelo económicamente viable sin perder su esencia social”.
La propuesta contempla su posible estructuración como Proyecto de Desarrollo Local, lo que permitiría ampliar su impacto y fortalecer su inserción en el tejido económico del municipio. Asimismo, se identificaron oportunidades de articulación con actores locales, incluyendo 42 mipymes y emprendimientos vinculados al reciclaje y la reutilización.
Por otra parte, la dimensión comunicativa ocupó un lugar estratégico en el programa. Pérez Rivero defendió su papel como eje transversal del proceso: “Sin comunicación no hay cambio cultural posible”.
Las acciones desarrolladas —desde señalética comunitaria hasta contenidos en redes sociales y productos audiovisuales— contribuyeron a posicionar el proyecto y a reforzar su visibilidad, incluyendo su proyección internacional.
Más allá de sus resultados operativos, La Lisa Recicla introduce una dimensión económica y social significativa al promover la valorización del residuo como recurso económico. En un contexto de limitaciones materiales, el reciclaje se posiciona como una oportunidad para generar valor, optimizar recursos y activar iniciativas locales, reforzando la sostenibilidad del modelo.
La cooperación internacional fue reconocida como un componente clave del proceso. “Ha sido esencial no solo por el financiamiento, sino por el acompañamiento metodológico y el intercambio de conocimientos”, destacó Saura.
Las sesiones de intercambio y sistematización permitieron un análisis crítico del proyecto en dimensiones como gobernanza, comunicación, formación e implementación. Aunque se identificaron limitaciones estructurales —especialmente en infraestructura y recursos—, predominó una lectura constructiva centrada en las capacidades instaladas y en las oportunidades de mejora.
El evento concluyó con una proyección clara hacia el futuro, incluyendo la posible extensión de la iniciativa, el trabajo con residuos orgánicos y el fortalecimiento de los sistemas de monitoreo y evaluación. Más que un cierre, el encuentro marcó una transición hacia una nueva etapa.
La Lisa Recicla se consolida como una experiencia de innovación social que articula participación ciudadana, gestión institucional y cooperación internacional para dar respuesta a un problema ambiental concreto. Su principal aporte radica en haber transformado la percepción del residuo: de desecho a recurso, de problema a oportunidad, de responsabilidad estatal a compromiso compartido.
La Lisa Recicla cierra con aprendizajes
Cooperación, comunidad y gestión integral de gestión de residuos sólidos consolidan un modelo replicable a escala de país
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