El 1ro de julio de 1829 nació en la actual provincia de Las Tunas Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, conocido mejor como El Cucalambé, figura imprescindible de la poesía cubana del siglo XIX. Su nombre quedó ligado para siempre a la décima espinela, estrofa de diez versos octosilábicos con rima consonante, que él llevó a su máxima expresión dentro del siboneísmo y el criollismo literario.
Gracias a su abuelo, conoció desde joven a los grandes clásicos como Homero, Virgilio y Horacio, además de autores cubanos como Zequeira y Rubalcava. Sus primeras décimas aparecieron en 1845 en el periódico El Fanal, de Puerto Príncipe en la actual provincia de Camagüey, marcando el inicio de una obra que se convertiría en referente de la literatura nacional.
El cauto
Cuando en tus aguas límpidas y bellas,
que a los mares del Sur bajan ruidosas,
contemplo duplicadas las hermosas,
fulgurantes y vívidas estrellas;
cuando mis pobres ojos fijo en ellas,
admirando tus ondas majestuosas,
y las nocturnas aves pavorosas
entonan sus monótonas querellas;
¡Cuán hermoso te encuentro! Allí en mi mente
bajo tus verdes palmas y yamaguas
mil recuerdos se agrupan dulcemente,
te bendigo y te canto, y de tus aguas
me parece mirar en la corriente
de los salvajes indios las piraguas.
Juan Cristóbal Nápoles Fajardo
El Cucalambé fue mucho más que un repentista. A lo largo de su vida ejerció como periodista, editor, dramaturgo e incluso pagador de obras públicas. Sin embargo, su verdadera huella está en la poesía, donde supo evocar de manera idealizada la vida campesina y, al mismo tiempo, reflejar el espíritu independentista que agitaba a Cuba en el siglo XIX. Su fervor patriótico lo llevó a participar en la fallida conspiración de Agüero en 1851.
La finca El Cornito en Las Tunas mantiene vivo el recuerdo de El Cucalambé, como epicentro de las tradicionales Jornadas Cucalambeanas. Allí se han reunido por décadas amantes de la poesía y la décima cubana para rendir homenaje al campesinado y a la cultura popular. Estas jornadas luego se extendieron por toda la isla y dieron origen a concursos y celebraciones que mantienen viva la tradición.
El Cucalambé no fue solo el poeta más destacado de la espinela en Cuba, sino también un símbolo de identidad nacional. Su obra, impregnada de amor por la tierra y por la libertad, continúa inspirando a generaciones que encuentran en sus versos la esencia del campo cubano y el latido de la patria.
Consulte además: El Cucalambé: con su voz desde el cornito




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