Cada 16 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, una fecha establecida por la ONU para conmemorar la adopción del Protocolo de Montreal, firmado en 1987. Este acuerdo internacional nació para proteger la capa de ozono frente a sustancias químicas que la estaban destruyendo y que permitían el paso de mayores cantidades de radiación ultravioleta dañina hacia la Tierra.
La capa de ozono se encuentra en la estratosfera y funciona como una barrera natural frente a gran parte de la radiación ultravioleta del Sol. Su deterioro estuvo relacionado principalmente con sustancias producidas por la actividad humana, como los clorofluorocarbonos (CFC), halones, tetracloruro de carbono, metilcloroformo, bromuro de metilo y HCFC. Estas sustancias fueron utilizadas en productos y procesos como refrigerantes, aerosoles, espumas y sistemas de extinción de incendios.
El Protocolo de Montreal estableció calendarios para reducir y eliminar progresivamente la producción y el consumo de estas sustancias. Gracias a este acuerdo y a sus posteriores modificaciones, se ha eliminado más del 99 % de las sustancias controladas que agotan la capa de ozono. El tratado también cuenta con mecanismos de vigilancia y cooperación para ayudar a los países a cumplir sus compromisos.
Los resultados son visibles. La comunidad científica estima que, si se mantienen las políticas actuales, la capa de ozono podría recuperar aproximadamente los niveles de 1980 hacia 2040 en el promedio mundial, 2045 en el Ártico y 2066 en la Antártida.
El 2025 también dejó una señal positiva: según la Organización Meteorológica Mundial, el agujero de ozono sobre la Antártida fue uno de los más pequeños de las últimas décadas y se situó entre los cuarto y quinto más débiles desde 1992. Sin embargo, los científicos advierten que existen variaciones naturales de un año a otro, por lo que estos datos deben analizarse como parte de una tendencia de largo plazo.
La recuperación tampoco significa que el problema haya terminado. La capa de ozono continúa siendo vigilada debido a la persistencia de algunas sustancias químicas en la atmósfera y a la aparición de nuevas amenazas. Además, la radiación ultravioleta sigue representando un riesgo para la salud humana y los ecosistemas.
La historia de la capa de ozono demuestra que la ciencia, la cooperación internacional y las políticas ambientales pueden producir resultados concretos. El reto actual es mantener esos avances y continuar vigilando la atmósfera para garantizar que esta barrera natural siga protegiendo la vida en la Tierra.

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