¡Y lo logramos! El primer retiro para parejas organizado por Senti2Cuba ya no es un sueño, sino una experiencia que nos dejó lindos recuerdos y muy útiles aprendizajes. Lo mejor es que los participantes (pocos, pero buenos, como dice el refrán) emplearon varias veces frases muy halagadoras: “Disfruté…”, “Descubrí…”, “Ya le comenté a un amigo…”, “Cuando volvamos…”; señal de que esta iniciativa merece continuidad.
Para empezar, fue un lujo mantenernos alejados del bullicio citadino por 48 horas. En tan buen ambiente, con un clima delicioso y mucha paz circundante, nos dedicamos a potenciar afectos, refrescar el goce y hacernos más conscientes de por qué nos elegimos cada día, a tono con la habitual broma de Jorge cuando me pongo demasiado melosa: “¡Sí, sí, yo sé que tú me quieres… pero no acabas de decirme pa qué!”.
Cuatro parejas protagonizamos el debut del retiro D’ a 2 bajo la atenta mirada de Mirebel, nuestra loquera favorita, quien ya está lista para conducir estos talleres vivenciales con enfoque holístico, diseñados para uniones consolidadas, aunque nadie quita que se amplíe luego con espacios para solteros u otras variantes de relaciones sexoafectivas que también deseen dar valor agregado a su estilo de vida.
Por orden de edad, menciono primero a Germán y Maru: 28 años juntos y aún tan vitales, amorosos y apetecibles. Sus gestos de cuidado mutuo derriten a cualquier escéptico, y ese modo tan suyo de oxigenar la relación y sostener la familia deviene misterio inspirador que aglutina y refresca.
Nos conmueve además su fe probada en lo que hacemos desde Senti2, ya sea en las redes, los medios o presencial. Tanto que ya decidimos declararlos un “activo” del proyecto y usarlos como modelo de buenas prácticas por su capacidad de incorporar saberes, entregarse al cien por ciento en cada dinámica y ajustarse a los ciclos vitales sin perder el don de apreciar los pequeños placeres cotidianos.
La segunda pareja es la de Ana Yadira, sicóloga del mundo empresarial, y Vladimir, ingeniero electrónico, ahora especializado en el montaje de paneles solares. Su historia amorosa empezó en un escarceo juvenil hace dos décadas. La vida los llevó por otros rumbos al terminar la universidad, pero se reencontraron y ya llevan juntos ocho años.
Ella supo de la oferta por una amiga que sigue a Jorge en Facebook y nos eligió para celebrar el cumpleaños 62 de él. Según confiesa, aún sin saber de qué iba aquello le atrajo la propuesta. Felizmente se integraron al piquete como si nos conociéramos de siempre porque se sintieron “seguros y cuidados con profesionalidad”. Además, resulta que sus proyectos de vida resuenan con nuestra plataforma.
Es hermoso ver la chispa entre ellos: una locuaz, el otro observador, valoran la confianza como nexo esencial. Basta una mirada cariñosa de él para desatar la picardía seductora de ella. La admiración es mutua, y las ganas de crecer juntos tomó forma en una súplica espontánea que nos enterneció: “¿Me la ayudan a cumplir sus sueños?”.
La pareja más joven (por edad y tiempo) es la de Gisela y Robin: otro amor de adolescencia que precisó maduración para romper la timidez y concretarse en noviazgo moderno, cargado de retos y ambiciones en los que a gusto se complementan.
Sin su energía, este retiro no hubiera sido lo que fue. Él no dudó en poner su cafetería La Bola en función de hacernos más placentera la aventura. Ella puso en pausa sus diligencias como madre de trillizos, profesora universitaria y líder del proyecto Dhacos para impulsarnos de todas las maneras posibles: trasladó a la espalda buena parte de los insumos, financió el regalo de bienvenida y la estancia de la nueva anfitriona y encima de eso cocinó cada día (riquísimo, por cierto), sin miedo a la complejidad de un menú aderezado con afrodisiacos y coloridas opciones.
Por nada del mundo cierro esta crónica sin hablar del hotelito Altahabana, donde nos acogieron con tanto cariño y desprejuicio. Me atrevo a decir que es el paraíso buscado por tanto tiempo para las actividades de nuestra plataforma, por la tranquilidad del entorno, el buen espíritu de sus empleados y la belleza y versatilidad de sus instalaciones. Incluso logramos sentirnos auténticos bartenders en el desafío de elaborar cocteles para agasajarnos mutuamente.
“En el próximo seremos más”, sentenció Germán, y su optimismo me sonó a deliciosa provocación. ¿Será en marzo o abril? Depende de cuántas parejas se decidan a romper el hielo e invertir en esta enriquecedora experiencia, donde nunca faltará el buen humor, la música para todos los gustos y tiempo para hacer las “tareas” con privacidad y confort.

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