Cuando los septuagenarios recordamos el 1962, nos viene a la mente un hecho con varios nombres, pero en este caso particular recuerdo a Maco, un movilizado en la inolvidable Crisis de Octubre como es conocido en Cuba y América Latina.
Lo que también llaman Crisis de los misiles de Cuba tuvo los días significativos del 22 al 28 de octubre, pero lo de Maco fue antes, pues estaba en alerta en las trincheras de la costa sur de Trinidad, cerca de la Playa Ancón, en Casilda.
La situación se creó cuando una potencia como los Estados Unidos de América descubrió que en Cuba había misiles colocados por otra gran potencia también nuclear: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que denomina el caso como Crisis del Caribe.
Para los niños la palabra misil no resultaba familiar, ni tampoco valoramos mucho el término crisis, por eso le decíamos cohetes, que por cierto estuvieron ubicados a menos de 5 kilómetros del balneario donde estaba atrincherado Maco.
En la parte central del país, al sur, ya entrada la noche, el miliciano tomó un cajón rectangular de madera, donde venía el bacalao en la época, y lo convirtió en tumbadora, pero más allá de las risas en las trincheras, lo de los cohetes puso al mundo al borde de una conflagración nuclear.
Al siguiente día, en un caserío pequeño como Casilda, lo que quizás pudo haber sido hasta un secreto por las circunstancias en que ocurrieron, los lugareños lo comentaban entre risas y más risas.
Solo recuerdo una persona que hizo una observación de lo peligroso que hubiera sido si lo detectaban tropas enemigas dispuestas a desembarcar, pero cuentan que Maco alegó en su defensa que solo estaba cantando sin encender ninguna luz.
Según la voz popular, querían expulsarlo de las Milicias por indisciplinado, junto a todos los que le hicieron coro alegremente sin miedo, pero evidentemente dispuestos a dar hasta la vida, pues cuentan que pidió no ser expulsado porque no lo haría más.
Aquello que los niños llamamos Lo de los cohetes terminó en una conversación entre EE. UU. y la URSS, donde la participación de Cuba fue decisiva por ser firme e intransigente al rechazar cualquier inspección en territorio nacional.
Y fiel a una política de principios, planteó exigencias al gobierno de los Estados Unidos, las que todavía se mantienen en pie, al mismo tiempo que rechazó el hecho de que la URSS negociara sin la presencia de Cuba.
Estos recuerdos vienen cuando está en curso otra conversación Cuba-EE. UU., pues hablando la gente se entiende, y la nación caribeña ha expresado ideas para un diálogo franco con el cual lograr acuerdos concretos donde se respete la soberanía de las partes.
Puede haber ahora otro encuentro para expresar ideas, emociones o posiciones de forma directa, sin ambigüedades ni dobles intenciones, lo cual evitaría malentendidos, construiría confianza y evitaría conflictos.
Aquel diálogo entre Moscú y Washington sin La Habana puede ser el mejor ejemplo para saber la posición cubana este 2026, en el que sigue exigiendo respeto pleno a su soberanía y a su decisión de construir el socialismo. Hablando se entiende la gente... cuando hay respeto.
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